
En la fiesta de Sandra, quien tenía una voz privilegiada
y por ello formó el coro del templo,( una voz de ángel,
escuché alguna vez a una de esas mujeres viejas de corte
de hombre que inundan con sus rezos y plegarias las iglesias
de todo el mundo ) solo rezamos una vez antes de cenar
y después nunca se habló ni de Dios, ni del coro, ni de
la virgen ni de todos los demás subordinados del cielo,
más bien reímos mucho con las ocurrencias de cada uno, ya que
tuvimos como hasta turno o algo para mostrar nuestras
habilidades para el entretenimiento, algunos, hábiles y
graciosos, tuvieron ovación general, otros con menos
suerte recibieron palmaditas y un buen espiritú de grupo.
En la fiesta de Sandra no solo celebramos su cumpleaños
( y el nacimiento de los perritos, lo olvidaba ) sino su
partida a Londres( ¡¡ Londres en 1989!! ) a estudiar
Medicina en una prestigiosa escuela, un viaje de donde
regresó sin ser Médico, pero hereje, agnóstica o no sé
que la verdad.
Nunca jamás volvió a cantar con tanta efusividad ( y voz de
ángel ) todos esos cánticos y plegarias al cielo, al Señor,
no volvió a usar esos tennis L.A Gear que tanto nos gustaban
a todos y que fue lo primero que me llamó la atención cuando
ingresé al coro del templo, al cual no regresé jamás por
considerarlo innecesario para mi vida espiritual.










