

Giovanna Tercelli dedica su mejor sonrisa al enfermo
que se va de este mundo inevitablemente.Sus ojos
negros se humedecen y su cerebro trata de irse
a otro lugar, a la bonita ciudad condal que conoció
el verano pasado y en la que le gustaría vivir, trata
de recordar alguna bonita canción pero no sale ninguna,
quiere inventar alguna, pero no, no puede componer
canciones a un enfermo.
A el solo lo espera el Nosocomio, a Giovanna media hora
para terminar su turno e irse a casa.No quiere irse,
desearía acompañar al enfermo hasta el final, dejarlo
con una sonrisa y no con ese rostro amarillento y ojos
pálidos que a pesar de la enfermedad son bellos aún,
quisiera acompañarlo al umbral de la muerte, mirar el
túnel y la luz al final, donde sus seres queridos lo
esperan segun la fé católica, que es la que Giovanna
profesa desde niña, pero una duda salta terrible sobre
sí misma: "...el hombre que se muere aqui, en esta cama
fría ya, a quien solo una viejecilla visitó y de
quien no sé mucho, ¿ merecerá el cielo ? ..."
" Si no es así debe vivir más, enmendarse, tratar de hacer
las cosas mejor y vivir fuera del pecado, el tiene un rostro
amable y no creo que lo haya sido, pero todos tenemos errores
y este hombre merece una oportunidad, el Señor no puede
disponer de una vida que tal vez debería prolongarse más para
llevar una mejor dirección..."
Giovanna esta sentada en el pasillo pensando todo esto, necesita
un cigarrillo y posiblemente entender más sobre la muerte, pero
mientras sucede todo esto que es solo la vida normal del hospital
se escucha un llanto fuerte, muy fuerte, seguido posteriormente
de un grito de alegría, exagerado y simple a la vez:
"¡fue niño, fue niño!"
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